sábado, 16 de abril de 2011

Chilean güei

[Por Marcela Guerra]

Al parecer no es de amplio conocimiento el funcionamiento de este nuevo Ministerio de Medioambiente y, para variar, la fanfarrea se quedó de lado de la creación del Ministerio y después todos nos olvidamos del tema. Con fecha 26 de Enero de 2010 se publica la ley 20.417 que, modificando la ley 19.300, crea el Ministerio, el servicio de evaluación ambiental y la superintendencia. Para no extendernos en demasía, sólo me referiré a la superintendencia en esta oportunidad, no sólo por su relevancia dado que asume la importante labor de fiscalización, sino por lo anecdótico de su precario desarrollo hasta el momento.

Con fecha 12 de julio se produjo el nombramiento del superintendente, sí, algo así como cinco meses y medio después de la creación del ministerio, y como muchos deben saber, cuando se crea el ministerio, desaparece la CONAMA. Entonces ¿quién ejerció la importante función de fiscalización durante esos cinco meses y medio? Como muchas cosas en este gobierno, es un misterio. Pero es un misterio aún más grande, porque el nombramiento del superintendente no implica la aprobación del DFL que da vida a la superintendencia, así, el DFL N° 3 fue tomado razón el día 03 de Septiembre, lo que nos deja con un saldo de poco más de ocho meses sin un órgano que ejerza la fiscalización en materia medioambiental. Y para qué hablar de la resolución exenta 14-2011 que constituye la organización interna de la superintendencia del medio ambiente, que fue publicada el 20 de enero de 2011. Es decir, casi UN AÑO después de la desaparición de la CONAMA, la superintendencia tiene recién un organigrama.

Acá no es sólo un problema sólo del gobierno, porque los congresistas tampoco fueron capaces de advertirlo, o si lo hicieron, callaron. Y callaron no sólo en el momento sino hasta el día de hoy, porque bien poco se ha filtrado en prensa que esto fuera algo preocupante. Bien poco se sabe que los tribunales ambientales siguen en trabajo de parto en el congreso, con indicaciones tan previsibles como asegurar que todo ciudadano (aunque sea pobre y mantenga su ciudadanía) pueda acceder a estos tribunales. Lo que molesta es el descaro, la irresponsabilidad y la desidia, pero claro, si el mismo descuido hubiese ocurrido en el ministerio del trabajo, adiós ministro. Pero como es un tema poco relevante que afecta a un par de hippies y una que otra comunidad rural, y tal como dijera Redolés: “no importa".


domingo, 3 de abril de 2011

''Cambio Cultural y Conciencia Ambiental''

[Por Marcela Guerra]


Si ni si quiera podemos tirar el envoltorio de los alimentos a la basura, menos vamos a ser capaces de reciclar. Si ni siquiera respetamos el aire que respiran las demás personas cuando fumamos en los paraderos, menos podremos exigirle a las termoeléctricas que respeten el medio ambiente. Estamos lejos, súper lejos, pero no de algún punto en particular, no lejos de una meta como podría ser Alemania, estamos lejos entre nosotros y así todo es más difícil. Si la persona que espera el metro al lado tira un papel al suelo pocas veces decimos algo, si es que lo pensamos. Como si la persona que está al lado fuera un monstruo espantoso al estilo 'Java' de Star Wars que si le decimos algo nos gruñirá algo ininteligible. Porque parece mucho más fácil reclamar a una entidad abstracta y distante como una empresa, los políticos o los que detentan el poder económico antes que decirle a la persona que tenemos al lado que cambie algunas de sus costumbres para tener un entorno más limpio. Pareciera que nos acomodara gritar de lejos a alguien que no escucha, quizás se ve más fácil refugiarse en la marcha contra la termoeléctrica que decirle al compañero que no tire la colilla del cigarro en la palmera.


A veces estamos súper lejos de los cambios estructurales porque nos empeñamos en cambiar las estructuras, como si las estructuras pudieran escuchar lo que uno les dice o como si se pusieran tristes cuando uno les cuenta que en Chunchi los niños se suicidan. El cambio cultural y la consciencia ambiental no están en un panfleto ni en una marcha, están en poder conversar con el compañero que vemos todos los días, en compartir puntos de vista y acercarnos, porque de lejos es más difícil cambiar las cosas.